25 AÑOS ANUNCIANDO LA VERDAD QUE NOS DA LIBERTAD Y ALEGRÍA

La Verdad os hará libres (Jn 8,32)

La voz del director

Por:
P. Luis Fernando de Prada

Nuestro mundo occidental presume de sus libertades, que atribuye a diversas revoluciones políticas y procesos culturales de “liberación”. Mucho habría que hablar sobre la libertad real en sociedades cada vez más controladas por poderes políticos, económicos, tecnológicos, mediáticos, educativos…, que buscan el gobierno centralizado de un nuevo orden mundial. Sin duda, el peor totalitarismo es el de las dictaduras cuyos súbditos están contentos de sus esclavitudes y adicciones, de las que apenas son conscientes mientras se les ofrezcan nuevas versiones del pan y circo de la Roma decadente.

Sin entrar ahora en ese debate sociopolítico, sino centrándonos en la persona individual, la experiencia y la mejor psicología coinciden en que el hombre alcanza su realización cuando entrega lo mejor de sí mismo a otros, movido por el amor; una entrega que conlleva siempre la fecundidad y la felicidad. Por el contrario, el egoísmo que encierra al hombre en el estrecho horizonte de sus intereses y placeres deja el vacío y tristeza por una existencia inauténtica e infecunda, incapaz del auténtico amor y amistad, consciente de que no ha cumplido misión alguna ni dejado el mundo mejor de cómo lo encontró. El ojo está hecho para ver la realidad que le rodea; si el ojo ve lo que está en sí mismo, señal de alguna enfermedad ocular. Análogamente, el hombre está hecho para mirar hacia fuera y darse; si, por el contrario, está encerrado en su pequeño mundo, termina en la neurosis propia del egocéntrico, de la que trató el psiquiatra católico Rudolf Allers, profundizando en clave sobrenatural lo que ya vio a nivel natural su maestro Alfred Adler.

Sí, el hombre está hecho para darse, pues ha sido creado a imagen de Dios, Amor comunicativo por esencia. Ahora bien, para darse hay que poseerse en libertad, y bien sabemos que no basta con el voluntarismo de nuestros propósitos. En efecto, muchas veces chocamos con una misteriosa fuerza que nos impide hacer lo que quisiéramos, constatando que somos esclavos de pasiones que, aunque buenas en sí mismas, han quedado desordenadas por el tsunami del pecado que, estallado en el paraíso original, ha ido cogiendo fuerza en la historia personal y comunitaria de cada uno. San Pablo expresó con vehemencia este drama:

… percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rm 7,23s).

El propio Apóstol responderá exultante que es Jesucristo el único capaz de realizar esa liberación. Así nos lo había dicho el propio Jesús en esa frase que tanto gustaba a San Juan Pablo II:

Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8,31-32)

Esa es la Buena Noticia! La Verdad, que esencialmente es la misma persona de Cristo Resucitado y Vivo, nos ha obtenido la auténtica libertad interior, redimiéndonos de nuestras esclavitudes al pecado, al príncipe de este mundo (Jn 14,30) y sus corifeos. Esa es la Buena Noticia que la Iglesia anuncia en el mundo entero a la vez que, a través de sus sacramentos, nos comunica la gracia que realiza progresivamente nuestra santificación.

Esa es también la Buena Noticia que Radio María lleva anunciando en España más de 25 años, contribuyendo a la libertad y alegría de muchos, como nos manifiestan tantos testimonios que recibimos de oyentes. Un anuncio que queremos seguir extendiendo en nuestro país, a la vez que buscamos llevar a otras naciones, para todo lo cual realizamos este mes nuestra Campaña de mayo y la Mariathon misionera, campañas que tanto han ayudado otros años a compatriotas y hermanos del mundo entero a conocer al único Redentor.

Lo hacemos invocando a la Inmaculada Virgen María, que recibió la plenitud de gracia y plena liberación del pecado antes de su concepción. La que se llamó a sí misma la Esclava del Señor es en realidad la más libre, pues no tiene atadura alguna al pecado que le impida amar a todos. Por ello, intercede ahora por nosotros como hizo en Caná, para que recibamos la alegría del mejor vino, el que celebra la libertad para amar al modo divino, pues para la libertad nos ha liberado Cristo (Gal 5,1).

¡Gracias a todos por vuestra ayuda en libertad y amor durante estos 25 años!

Con mi bendición,

 

Firma del Director

La voz del director

Por:
P. Luis Fernando de Prada