En este programa conoceremos a San Juan de Ávila, que tenía un amor entrañable a la humanidad de Cristo. Su principal virtud fue la caridad, y toda su obra mira hacia la caridad cristiana. De ahí la preocupación por la educación cristiana y humana integral, la preocupación por los problemas sociales, por la reforma del estado seglar (como él decía), y por la reforma del clero.
Las enseñanzas de san Juan de Ávila acerca de la tibieza espiritual y los escrúpulos. Vivamos la fe con fervor, oración y esfuerzo, sin quedarnos a medio camino entre Dios y el mundo. No caigamos en una tristeza excesiva por las propias faltas, sino confiemos en la misericordia de Jesucristo y pongamos en Él nuestras debilidades.
Leemos las cartas de San Juan de Ávila nº 135 y 136. La nº 135 está dirigida a una señora en la cual le va a enseñar que la cruz no la escoge el hombre sino que tiene que llevar la que Dios quiere, sin huir de ella, y acoger la voluntad de Dios.
En la carta 136 enseña a un sacerdote que los que se dedican al servicio de los demás, primero han de mirar por sí y armarse con oración y longanimidad, aunque no vean el provecho.
Carta 132. Dirigida a una señora. La anima a esforzarse a padecer trabajos por amor de Jesucristo, y que no ponga tasa en el padecer, porque si en esto la pone, en ese punto la pone en el amor, y que es éste no es razón que la haya; y que la tasa del amor a Dios ha de ser amar sin tasa
Carta 130. A una señora.
Le enseña que lo próspero y adverso lo envía Dios a los suyos con el mismo amor, y que en el tiempo de las adversidades se ha de echar el ancla en Dios.
Leemos la carta 129 dirigida a una señora a la que San Juan de Ávila dice que el calid del Señor es dulce, y por eso debe considerear que Dios se lo envía.
Continuamos aprendiendo del maestro San Juan de Ávila a través de sus cartas.
Leemos la carta 128 dirigida a una señora a la que le enseña que las enfermedades son aguas y aceites con las que se hermosea el alma.
Estamos repasando, las últimas semanas, el epistolario espiritual de San Juan de Ávila. Vemos hoy la carta 120 dirigida a una mujer devota en la que le va a enseñar que Dios nos pide un corazón desocupado y lo mucho que importa tomar la voluntad de Dios por nuestra.
También vemos la carta 121 donde le enseña a una señora que el hambre de nuestro corazón no se puede hartar sino en el Espíritu del Señor.
Carta 118 dirigida a una joven, enseñándole que debe andar con mucho cuidado con el buen propósito que Dios le ha dado, y que todo lo de este mundo se pasa como humo, y que en las ocupaciones traiga el corazón recogido.