Hoy comparto una historia sobre la fidelidad del Señor, manifestada en la fidelidad en tantas almas consagradas a Dios, también de almas que viven en el matrimonio con fidelidad hasta el final. Me centro en la historia de Masako Kimura.
La lealtad como camino de santidad
Santa Teresa de Calcuta decía que Dios no nos llama tanto al éxito como a la fidelidad.
Y creo que tenía razón.
Al final de nuestra vida, el Señor no nos preguntará cuántos aplausos recibimos ni cuántos éxitos acumulamos.
Nos preguntará si fuimos fieles.
Fieles al amor.
Fieles a la verdad.
Fieles a nuestra conciencia.
Fieles a la misión que Él nos confió.
Hay una imagen muy sencilla que siempre me ha ayudado.
Una gran catedral no se levanta de golpe. Está construida piedra sobre piedra. Ninguna piedra parece importante por sí sola. Pero todas juntas sostienen el edificio.
Así también se construye la santidad.
Ser de Cristo es lo mejor que nos ha podido pasar en la vida y eso conlleva dar testimonio de Él ante el mundo. Eso lo vemos en las vidas de los santos. Ahora nos toca dar a nosotros testimonio de fidelidad y de confianza.
La fe se expresa en el agradecimiento y en la confianza que se traduce en fidelidad. Así lo manifiesta Jesús en estos dos relatos: en la curación de los diez leprosos, se subraya la actitud de uno, que es samaritano y que, sintiéndose sanado, vuelve dando gracias porque es consciente del don inmerecido que le ha sido otorgado; en la parábola del juez inicuo y la viuda insistente se nos invita a seguir confiando y creyendo, aunque lo que se pide o se espera tarda en llegar.
La lealtad no se demuestra en grandes momentos… se construye en lo pequeño. En lo cotidiano. En lo que nadie ve. En lo que no se aplaude. Ser leal es cumplir cuando nadie te mira. Es ser fiel cuando no hay recompensa. Es seguir adelante cuando no hay reconocimiento.
Cartas 104 y 105 dirigidas a mujeres afligidas y san Juan de Ávila les enseña qué significa padecer por Dios y las alienta a la batalla poniéndole delante la fidelidad del Señor, por quién padece, y les da las razones por las que hay que confiar en Él.
En la vigilancia y espera del Señor, el discípulo expresa su amor hacia su Maestro y Señor, y este amor se traduce, entre otras cosas, en el cumplimiento de las propias obligaciones, cumpliendo la tarea encomendada. La fidelidad a quien es fiel en todo momento y circunstancia ha de ser la respuesta de todo el que quiera seguirle, una fidelidad que exige perseverancia en medio de las pruebas, y una perseverancia que se obtiene por medio de la conversión.
Después de sus duras palabras a los fariseos y escribas, ahora se dirige Jesús a sus discípulos para que no caigan en los mismos errores, sino que vivan su fe con coherencia y fidelidad. Con la parábola del “rico insensato”, Jesús previene a sus discípulos de la tentación de llevar una vida “equivocada”, preocupada por conseguir y disfrutar sólo de los bienes materiales y no buscar los bienes eternos, los que no pasan. Lo que ha de procurar el discípulo es mantenerse “vigilante” para ser fiel a su Señor, que llega en cada momento y que un día volverá de manera definitiva.
FIDELIDAD (II)
A veces, Sor Faustina libra una batalla feroz para seguir fielmente su camino. [1173] “Y mi camino es la fidelidad a la voluntad de Dios en todo y siempre”.
Hoy comparto una historia sobre la fidelidad del Señor, manifestada en la fidelidad en tantas almas consagradas a Dios, también de almas que viven en el matrimonio con fidelidad hasta el final. Me centro en la historia de Masako Kimura.
La lealtad como camino de santidad
Santa Teresa de Calcuta decía que Dios no nos llama tanto al éxito como a la fidelidad.
Y creo que tenía razón.
Al final de nuestra vida, el Señor no nos preguntará cuántos aplausos recibimos ni cuántos éxitos acumulamos.
Nos preguntará si fuimos fieles.
Fieles al amor.
Fieles a la verdad.
Fieles a nuestra conciencia.
Fieles a la misión que Él nos confió.
Hay una imagen muy sencilla que siempre me ha ayudado.
Una gran catedral no se levanta de golpe. Está construida piedra sobre piedra. Ninguna piedra parece importante por sí sola. Pero todas juntas sostienen el edificio.
Así también se construye la santidad.
Ser de Cristo es lo mejor que nos ha podido pasar en la vida y eso conlleva dar testimonio de Él ante el mundo. Eso lo vemos en las vidas de los santos. Ahora nos toca dar a nosotros testimonio de fidelidad y de confianza.
La fe se expresa en el agradecimiento y en la confianza que se traduce en fidelidad. Así lo manifiesta Jesús en estos dos relatos: en la curación de los diez leprosos, se subraya la actitud de uno, que es samaritano y que, sintiéndose sanado, vuelve dando gracias porque es consciente del don inmerecido que le ha sido otorgado; en la parábola del juez inicuo y la viuda insistente se nos invita a seguir confiando y creyendo, aunque lo que se pide o se espera tarda en llegar.
La lealtad no se demuestra en grandes momentos… se construye en lo pequeño. En lo cotidiano. En lo que nadie ve. En lo que no se aplaude. Ser leal es cumplir cuando nadie te mira. Es ser fiel cuando no hay recompensa. Es seguir adelante cuando no hay reconocimiento.
Cartas 104 y 105 dirigidas a mujeres afligidas y san Juan de Ávila les enseña qué significa padecer por Dios y las alienta a la batalla poniéndole delante la fidelidad del Señor, por quién padece, y les da las razones por las que hay que confiar en Él.
En la vigilancia y espera del Señor, el discípulo expresa su amor hacia su Maestro y Señor, y este amor se traduce, entre otras cosas, en el cumplimiento de las propias obligaciones, cumpliendo la tarea encomendada. La fidelidad a quien es fiel en todo momento y circunstancia ha de ser la respuesta de todo el que quiera seguirle, una fidelidad que exige perseverancia en medio de las pruebas, y una perseverancia que se obtiene por medio de la conversión.
Después de sus duras palabras a los fariseos y escribas, ahora se dirige Jesús a sus discípulos para que no caigan en los mismos errores, sino que vivan su fe con coherencia y fidelidad. Con la parábola del “rico insensato”, Jesús previene a sus discípulos de la tentación de llevar una vida “equivocada”, preocupada por conseguir y disfrutar sólo de los bienes materiales y no buscar los bienes eternos, los que no pasan. Lo que ha de procurar el discípulo es mantenerse “vigilante” para ser fiel a su Señor, que llega en cada momento y que un día volverá de manera definitiva.
FIDELIDAD (II)
A veces, Sor Faustina libra una batalla feroz para seguir fielmente su camino. [1173] “Y mi camino es la fidelidad a la voluntad de Dios en todo y siempre”.