Hoy tratamos sobre la belleza de la vida consagrada, tras la Jornada Mundial que ayer, 2 de febrero, celebraba la Iglesia con el lema “¿Para quién eres?”. Ahondando en el tesoro del Bautismo, la vida consagrada muestra su profundo sentido desde la vocación de toda la Iglesia a la santidad y como manifestación, ya en esta vida terrena, de la plenitud final del Amor de Dios a toda Iglesia y a cada ser humano. Nos ayudan en estas reflexiones un sugerente y no imposible diálogo entre Nietzsche y Santa Teresita de Lisieux, las palabras y la pintura de sor Isabel Guerra y la aclamada película “Los domingos”, de Alauda Ruiz de Azúa.
Hablamos de Santa Teresa de Jesús en el día de su festividad litúrgica, que nos ha impulsado a referirnos a la doctora abulense y caminar a su lado para asomarnos a algunas de sus vivencias íntimas. La belleza es un don inestimable de su pluma, pero el fondo vivencial que nos transmite nos lleva a reconocerla, aún más que como doctora, como maestra de vida para nosotros. Junto a ella, otras dos mujeres acariciadas por el Espíritu. Sor Isabel Guerra y Ernestina de Champourcin, serán también protagonistas de nuestro programa: tres mujeres enamoradas que hoy nos señalan el camino.
En esta ocasión, hablamos de la última y muy reciente exposición de Sor Isabel Guerra, la pintora de la luz, en el Museo Goya de Zaragoza, titulada “Luz increada”. Se trata de un momento fundamental en su trayectoria artística, puesto que afronta de manera decidida el paso de la pintura figurativa a la abstracción, ofreciendo un mensaje de “santa provocación” desde su alma (atravesada por la vocación a la Luz increada), a un mundo -como ella dice- “aplatanado” en la superficialidad y ciego, a la vez que atravesado por el hambre de la luz infinita; hambre, precisamente, de “la luz increada”.
En esta ocasión, hablamos de los orígenes de la vida eremítica y monástica, centrándonos particularmente en la llamada “Tebaida riojana”, la rica, profusa y fecunda vida eremítico-monástica que antaño surgió en territorio de La Rioja. La vida religiosa es un camino de amor, de reconocimiento del amor de Dios a nuestro alrededor, en nosotros mismos. Nos acompañarán, entre otros, Sor Isabel Guerra, la monja cisterciense y “pintora de la luz”, además de la poetisa Ernestina de Champourcin.
Hoy tratamos sobre la belleza de la vida consagrada, tras la Jornada Mundial que ayer, 2 de febrero, celebraba la Iglesia con el lema “¿Para quién eres?”. Ahondando en el tesoro del Bautismo, la vida consagrada muestra su profundo sentido desde la vocación de toda la Iglesia a la santidad y como manifestación, ya en esta vida terrena, de la plenitud final del Amor de Dios a toda Iglesia y a cada ser humano. Nos ayudan en estas reflexiones un sugerente y no imposible diálogo entre Nietzsche y Santa Teresita de Lisieux, las palabras y la pintura de sor Isabel Guerra y la aclamada película “Los domingos”, de Alauda Ruiz de Azúa.
Hablamos de Santa Teresa de Jesús en el día de su festividad litúrgica, que nos ha impulsado a referirnos a la doctora abulense y caminar a su lado para asomarnos a algunas de sus vivencias íntimas. La belleza es un don inestimable de su pluma, pero el fondo vivencial que nos transmite nos lleva a reconocerla, aún más que como doctora, como maestra de vida para nosotros. Junto a ella, otras dos mujeres acariciadas por el Espíritu. Sor Isabel Guerra y Ernestina de Champourcin, serán también protagonistas de nuestro programa: tres mujeres enamoradas que hoy nos señalan el camino.
En esta ocasión, hablamos de la última y muy reciente exposición de Sor Isabel Guerra, la pintora de la luz, en el Museo Goya de Zaragoza, titulada “Luz increada”. Se trata de un momento fundamental en su trayectoria artística, puesto que afronta de manera decidida el paso de la pintura figurativa a la abstracción, ofreciendo un mensaje de “santa provocación” desde su alma (atravesada por la vocación a la Luz increada), a un mundo -como ella dice- “aplatanado” en la superficialidad y ciego, a la vez que atravesado por el hambre de la luz infinita; hambre, precisamente, de “la luz increada”.
En esta ocasión, hablamos de los orígenes de la vida eremítica y monástica, centrándonos particularmente en la llamada “Tebaida riojana”, la rica, profusa y fecunda vida eremítico-monástica que antaño surgió en territorio de La Rioja. La vida religiosa es un camino de amor, de reconocimiento del amor de Dios a nuestro alrededor, en nosotros mismos. Nos acompañarán, entre otros, Sor Isabel Guerra, la monja cisterciense y “pintora de la luz”, además de la poetisa Ernestina de Champourcin.