El evangelista nos narra lo acontecido en Getsemaní donde Jesús es apresado por la comitiva guiada por Judas Iscariote, que con un beso de traición entrega a su Maestro. Jesús es conducido a la casa del sumo sacerdote donde va a ser juzgado por los miembros del Sanedrín, que van a realizar un juicio ilegal. Habían detenido a Jesús con la intención de matarle, pero no contaban con una acusación concreta ni tampoco con testigos que pudieran avalarla, como exigía la Ley de Moisés. A la dificultad evidente de encontrar testigos contra Jesús, se unía ahora el hecho de que los que se presentaban eran falsos y además no concordaban en sus testimonios. Ante esta situación, decide intervenir el sumo sacerdote haciendo una pregunta a la que Jesús estaba obligado a contestar.