Dios es invisible pero no inexistente. No lo vemos con los ojos del cuerpo pero le vemos con los ojos del alma. No podemos determinar, mediante la geografía y la astronomía, el lugar donde Dios se encuentra. Pero con facilidad lo determinaremos con una breve frase de la Escritura, del libro de los Hechos de los Apóstoles 17, 28: “No está lejos de nosotros, en Él vivimos, nos movemos y existimos”.