El santo es un hombre fuera de serie. Y es así, porque ha resuelto prácticamente las antinomias de la vida espiritual; es decir, ha conjugado las aparentes oposiciones que a primera vista existen en el camino de la perfección. Y está fuera de serie porque el hombre común no se preocupa por estos problemas sino de manera muy superficial, en la mejor de las hipótesis. El santo es algo raro en la escala humana común.