Flaquezas

Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 17/07/25

Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 17/07/25

En el programa de hoy escucharemos los puntos 4,5 y 6 del primer capítulo de la segunda parte. Se nos está hablando de la gracia de conocernos a nosotros mismos para descubrir también nuestras flaquezas y debilidades y , sin escandalizarnos, pedir ayuda a Dios. Muchas veces Dios permite que caigamos en alguna falta y pecado para darnos cuenta de alguna flaqueza y al mismo tiempo frenar una soberbia que puede ir creciendo a pasos agigantados si la humildad no le pone freno. Considera la soberbia como el peor de los pecados porque lleva en sí misma el alejamiento de Dios, con la soberbia, el hombre se cree Dios, perfecto, superior lo que le incapacita para reconocer que tiene faltas, por lo que por una parte considera que no tiene por qué pedir ayuda y por otra esta petición de ayuda supone una humillación denigrante. Al no reconocer faltas tampoco puede arrepentirse ni pedir perdón. La humildad es la base y conductora de toda virtud. Allí el Señor puede actuar.
Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 10/07/25

Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 10/07/25

En el programa de hoy terminamos el capítulo 3 y al mismo tiempo finaliza la primera parte del libro. A continuación comenzamos el primer capítulo de la segunda parte, que tiene 8 capítulos y ocupa el resto del libro. En la primera parte, el autor nos refiere las condiciones indispensables que todo cristiano debe tener ante la vista y reconocimiento de sus faltas y caídas: no asombrarse, no turbarse y no desanimarse. Nos dice que, dada nuestra inclinación al pecado por causa de nuestra condición humana, debemos siempre tener presentes el temor de Dios juntamente con la esperanza en la misericordia divina, incluso, si cabe, inclinarse siempre hacia la esperanza. En la segunda parte, el autor aborda cómo nuestras faltas y flaquezas con la ayuda de la gracia de Dios pueden contribuir a nuestro desarrollo espiritual, se apoya en citas de San Pablo, San Agustín, San Juan Crisóstomo y, por supuesto, San Francisco de Sales. En primer lugar, trata la humildad, que es la base y el lazo de unión de las demás virtudes y nos advierte que siempre tropezamos con el orgullo que está muy arraigado en el corazón humano y el maligno aprovecha para engañarnos con sutiles y astutas artimañas. El autor nos ayuda a saber discernir e identificar los engaños del demonio y a caminar en la verdad.

El padre Pío, en el umbral del paraíso 03/09/23

Tengamos el pensamiento orientado continuamente hacia el cielo, nuestra verdadera patria, del que la tierra no es más que imagen, conservando la serenidad y la calma en todos los sucesos, sean alegres o tristes, como corresponde a un cristiano, y más a un alma formada con especial cuidado en la escuela del dolor. En todo esto te estimulen siempre los motivos que da la fe y los ánimos de la esperanza cristiana; y, comportándote así, el Padre del cielo endulzará la amargura de la prueba con el bálsamo de su bondad y de su misericordia. Y es a esta bondad y misericordia del Padre celestial a la que el piadoso y benéfico ángel de la fe nos invita y nos urge a recurrir con una oración insistente y humilde, teniendo la firme esperanza de ser escuchados, porque confiamos en la promesa que nos hace el Maestro divino: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre se os dará». (Padre Pío)

Solo Dios: el hermano Rafael 10/02/20

Hoy leeremos una extensa carta de fecha 20 de diciembre de 1935, y dirigida a su tía María. En esta carta cuenta a su tía lo mal que corresponde a los regalos del Señor, que se cansa de la oración, que no sale de la Eucaristía sin sentir nada, pero entiende que debe vivir con sus flaquezas para aprender a ser humilde, porque es muy bonito hacer heroicidades cuando es un deseo propio, pero que mal se viven cuando es Voluntad de Dios. Mi amor a Dios, prosigue el Hno. Rafael en su carta a su tía, es tan pequeño, que me siento tan pequeño, tan nada, que no me entiendo, pero Dios si me entiende y me quiere a pesar de mi nada. Al final creemos, continua Rafael, que para ser santos necesitamos hacer muchas cosas, pero no es así, El Señor nos irá diciendo que sólo hay un camino, Dios mismo, amándole como podamos, de esta manera seremos santos por amor.
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Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 17/07/25

Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 17/07/25

En el programa de hoy escucharemos los puntos 4,5 y 6 del primer capítulo de la segunda parte. Se nos está hablando de la gracia de conocernos a nosotros mismos para descubrir también nuestras flaquezas y debilidades y , sin escandalizarnos, pedir ayuda a Dios. Muchas veces Dios permite que caigamos en alguna falta y pecado para darnos cuenta de alguna flaqueza y al mismo tiempo frenar una soberbia que puede ir creciendo a pasos agigantados si la humildad no le pone freno. Considera la soberbia como el peor de los pecados porque lleva en sí misma el alejamiento de Dios, con la soberbia, el hombre se cree Dios, perfecto, superior lo que le incapacita para reconocer que tiene faltas, por lo que por una parte considera que no tiene por qué pedir ayuda y por otra esta petición de ayuda supone una humillación denigrante. Al no reconocer faltas tampoco puede arrepentirse ni pedir perdón. La humildad es la base y conductora de toda virtud. Allí el Señor puede actuar.
Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 10/07/25

Clásicos de Espiritualidad: El arte de aprovechar nuestras faltas 10/07/25

En el programa de hoy terminamos el capítulo 3 y al mismo tiempo finaliza la primera parte del libro. A continuación comenzamos el primer capítulo de la segunda parte, que tiene 8 capítulos y ocupa el resto del libro. En la primera parte, el autor nos refiere las condiciones indispensables que todo cristiano debe tener ante la vista y reconocimiento de sus faltas y caídas: no asombrarse, no turbarse y no desanimarse. Nos dice que, dada nuestra inclinación al pecado por causa de nuestra condición humana, debemos siempre tener presentes el temor de Dios juntamente con la esperanza en la misericordia divina, incluso, si cabe, inclinarse siempre hacia la esperanza. En la segunda parte, el autor aborda cómo nuestras faltas y flaquezas con la ayuda de la gracia de Dios pueden contribuir a nuestro desarrollo espiritual, se apoya en citas de San Pablo, San Agustín, San Juan Crisóstomo y, por supuesto, San Francisco de Sales. En primer lugar, trata la humildad, que es la base y el lazo de unión de las demás virtudes y nos advierte que siempre tropezamos con el orgullo que está muy arraigado en el corazón humano y el maligno aprovecha para engañarnos con sutiles y astutas artimañas. El autor nos ayuda a saber discernir e identificar los engaños del demonio y a caminar en la verdad.

El padre Pío, en el umbral del paraíso 03/09/23

Tengamos el pensamiento orientado continuamente hacia el cielo, nuestra verdadera patria, del que la tierra no es más que imagen, conservando la serenidad y la calma en todos los sucesos, sean alegres o tristes, como corresponde a un cristiano, y más a un alma formada con especial cuidado en la escuela del dolor. En todo esto te estimulen siempre los motivos que da la fe y los ánimos de la esperanza cristiana; y, comportándote así, el Padre del cielo endulzará la amargura de la prueba con el bálsamo de su bondad y de su misericordia. Y es a esta bondad y misericordia del Padre celestial a la que el piadoso y benéfico ángel de la fe nos invita y nos urge a recurrir con una oración insistente y humilde, teniendo la firme esperanza de ser escuchados, porque confiamos en la promesa que nos hace el Maestro divino: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre se os dará». (Padre Pío)

Solo Dios: el hermano Rafael 10/02/20

Hoy leeremos una extensa carta de fecha 20 de diciembre de 1935, y dirigida a su tía María. En esta carta cuenta a su tía lo mal que corresponde a los regalos del Señor, que se cansa de la oración, que no sale de la Eucaristía sin sentir nada, pero entiende que debe vivir con sus flaquezas para aprender a ser humilde, porque es muy bonito hacer heroicidades cuando es un deseo propio, pero que mal se viven cuando es Voluntad de Dios. Mi amor a Dios, prosigue el Hno. Rafael en su carta a su tía, es tan pequeño, que me siento tan pequeño, tan nada, que no me entiendo, pero Dios si me entiende y me quiere a pesar de mi nada. Al final creemos, continua Rafael, que para ser santos necesitamos hacer muchas cosas, pero no es así, El Señor nos irá diciendo que sólo hay un camino, Dios mismo, amándole como podamos, de esta manera seremos santos por amor.
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