1.) Viernes VII Semana de Tiempo Ordinario;
2.) Lecturas: Si 6, 5-17 «Un amigo fiel no tiene precio»; Sal 118, 12.16.18. 27.34-35 «Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos»;
3.) Evangelio: Mc 10, 1-12 «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
1.) Domingo XXVII Semana de Tiempo Ordinario ciclo "B";
2.) Lecturas: Gn 2, 18-24 «Y serán los dos una sola carne»; Sal 127, 1-6 «Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida»; Hb 2, 9-11 «El santificador y los santificados proceden todos del mismo»;
3.) Evangelio: Mc 10, 2-16 «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Ante la encrucijada que le habían puesto los fariseos planteándole
la cuestión del matrimonio y el divorcio, Jesús sitúa el debate en su
verdadero horizonte recordándoles la intención originaria del Creador y
subrayando la indisolubilidad del matrimonio. Jesús va a recordar, una
vez más, que el Reino de Dios es para aquellos que -como niños-
confían, se abren y se abandonar por completo a la benevolencia divina.
Esta respuesta va a valer tanto para aquella persona que se acercó a
Jesús pero que vivía seducido por las riquezas que aprisionaban su
corazón, como para Santiago y Juan que, a pesar de haber escuchado el
tercer anuncio de la Pasión, siguen buscando puestos de honor y gloria.
1.) Viernes VII Semana de Tiempo Ordinario;
2.) Lecturas: Si 6, 5-17 «Un amigo fiel no tiene precio»; Sal 118, 12.16.18. 27.34-35 «Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos»;
3.) Evangelio: Mc 10, 1-12 «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
1.) Domingo XXVII Semana de Tiempo Ordinario ciclo "B";
2.) Lecturas: Gn 2, 18-24 «Y serán los dos una sola carne»; Sal 127, 1-6 «Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida»; Hb 2, 9-11 «El santificador y los santificados proceden todos del mismo»;
3.) Evangelio: Mc 10, 2-16 «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Ante la encrucijada que le habían puesto los fariseos planteándole
la cuestión del matrimonio y el divorcio, Jesús sitúa el debate en su
verdadero horizonte recordándoles la intención originaria del Creador y
subrayando la indisolubilidad del matrimonio. Jesús va a recordar, una
vez más, que el Reino de Dios es para aquellos que -como niños-
confían, se abren y se abandonar por completo a la benevolencia divina.
Esta respuesta va a valer tanto para aquella persona que se acercó a
Jesús pero que vivía seducido por las riquezas que aprisionaban su
corazón, como para Santiago y Juan que, a pesar de haber escuchado el
tercer anuncio de la Pasión, siguen buscando puestos de honor y gloria.