Comienza Pablo admitiendo la existencia y actividad buena y mala de los espíritus celestes, pero advierte de que solo en Cristo habita la plenitud de la divinidad corporalmente, recalca que solo Cristo redime: "Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz".