Las autoridades religiosas reaccionan inmediatamente al gesto realizado por Jesús en el Templo de Jerusalén y lo hacen tendiéndole trampas con la intención de cazarlo y poder acusarlo. Pero Jesús sale airoso de todas ellas y aquellos que querían atraparle planteándole cuestiones muy delicadas, acabaron ellos siendo atrapados por las respuestas que les dio el mismo Jesús.