Junto a las enseñanzas que Jesús da a todo aquel que quiera seguirle, el evangelista añade el relato de la curación de una mujer, enferma por un espíritu inmundo. Su sanación expresa una vez más el poder del Señor sobre el mal, signo de que el Reino de Dios ya está aquí en la persona de Jesús, en sus palabras y en sus obras. Y aunque el Reino de Dios tenga orígenes modestos e insignificantes (como el grano de mostaza y la levadura) su vitalidad es tal que crecerá superando toda previsión e incluso todo obstáculo que se le ponga.