Nuestro corazón tiene sed en muchas ocasiones, pero solo el Amor es capaz de aplacar esa gran sed. El día que Jesús y la Samaritana se encontraron en el pozo de Sicar se encontraron dos grandes sedientes, aquella mujer que tenía mucho más que esa de sed corporal y Cristo que tenía sed del amor de esa mujer y de toda la humanidad, Sed que ninguna fuente puede apagar más que el amor de Dios mismo