¡Cuantas veces pensamos que nuestro punto de vista es el único, el verdadero, y lo que nos dicen son cosas vanas! Lo que yo veo y pienso es lo bueno, pero puede que la realidad sea muy distinta y que, como a santo Tomás, ante una realidad tan cegadora, tengamos que reconocer: "Señor, mío y Dios mío"