Al contemplar la realidad de la Iglesia en el mundo, debemos rezar al Sagrado Corazón de Jesús, y tener una intención muy especial por todos aquellos católicos (sacerdotes, consagrados, laicos) que intrépidamente están inmersos en el mundo de la cultura, de la política, de la economía, de lo social; para que la Iglesia, sin perder identidad, esté siempre presente, viva y operante en el mundo actual.