Primer discurso de Bildad y respuesta de Job.
Bildad confronta a Job apelando a la infalible justicia divina y a la tradición ancestral. Su argumento incluye dos premisas: primero, que los hijos de Job murieron por sus pecados, pero Job aún puede salvarse; segundo, que la prosperidad del impío es frágil y efímera, como el papiro o una tela de araña. Concluye que, si Job actúa con rectitud, recuperará la alegría. Por su parte, Job ignora a sus amigos y apela directamente a Dios mediante terminología procesal. Reconoce la omnipotencia y sabiduría divinas, admitiendo la imposibilidad humana de ganar un pleito contra el Creador. Así, sus palabras, aunque audaces, mantienen la ortodoxia al resaltar que la lógica humana no basta para comprender el actuar de Dios.
Respuesta de Job a Elifaz. Frente a la doctrina teórica de Elifaz, Job expone su condición de enfermo y su debate interior entre aceptar el designio divino y defender su inocencia personal. La respuesta de Job refuta la doctrina teórica de Elifaz, defendiendo su inocencia y reprochando la falta de compasión de sus amigos, cuyo discurso frío agrava su dolor. La intervención de Job se centra en apelar a Dios como responsable de su infortunio, lamentar el abandono de su familia y denunciar la frialdad de sus amigos ante su angustia.
Primer discurso de Elifaz. Elifaz es el primero de los amigos de Job en tomar la palabra, probablemente por ser el más anciano. Habla con dignidad y como quien goza de autoridad, adoptando una postura moderada basada en la tradición sapiencial. En este primer discurso, Elifaz argumenta que el sufrimiento de Job es consecuencia directa del pecado. A través de una visión nocturna y apelando a la experiencia, Elifaz presenta una visión de Dios como justiciero y del hombre como una criatura débil e imperfecta, invitando a Job a la confianza y la rectitud.
Llegada de los amigos y lamentación de Job.
Tras la llegada de sus tres amigos —Elifaz, Bildad y Sofar—, comienza la parte poética del libro donde Job rompe su silencio y lamenta su nacimiento. En su sufrimiento, desea no haber vivido para evitar tanto dolor, y contempla la muerte como un descanso y una liberación de las penas humanas. Su monólogo refleja la profunda angustia existencial del justo que no comprende el sentido del sufrimiento, pero que no reniega de Dios. Las palabras de Job expresan tanto su dolor humano como su disposición a enfrentar el misterio del mal y la prueba divina. Los comentaristas interpretan su queja no como rebeldía, sino como expresión legítima del sufrimiento. Así, Job se convierte en símbolo del creyente que lucha entre la fe y la desesperación, buscando sentido en medio de la aflicción.
Job es probado en la fe con sus bienes y con su salud.
Job es sometido a duras pruebas que ponen a prueba su fe: en un solo día pierde sus bienes, sus criados y sus hijos. Sin embargo, pese al dolor, reconoce la soberanía de Dios y le bendice, sin pecar ni con palabras ni pensamientos. Luego Satán obtiene permiso para afligir su cuerpo con una úlcera maligna, dejándolo en la ruina y el sufrimiento más profundo. Incluso su esposa lo insta a renegar de Dios, pero Job responde con sabiduría que si se aceptan los bienes de Dios, también deben aceptarse los males. Su actitud revela una fe pura y desinteresada, una confianza absoluta en la voluntad divina y una paciencia ejemplar ante la adversidad.
El libro de Job comienza con un prólogo que se divide en tres escenas: presentación de Job; diálogo de Satán con Dios y la prueba a la que somete al justo; y llegada de los amigos a solidarizarse con Job. La primera escena presenta al protagonista como un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. La segunda escena muestra el diálogo entre Dios y Satán, quien se cuestiona la sinceridad de la piedad de Job, alegando que su piedad se debe única y exclusivamente a que Dios le ha bendecido con numerosos bienes. La narración plantea el problema teológico del sufrimiento del justo, mostrando que Job será probado para poner a prueba su fidelidad. Dios permite la acción de Satán, pero sin quitar la vida de Job, demostrando su control sobre el mal.
Victoria de los judíos y conclusión del libro
Nicanor, general enemigo de los judíos, decide atacar en sábado, desafiando abiertamente a Dios. Judas Macabeo, en cambio, fortalece a su pueblo con palabras basadas en las Escrituras y en la confianza en la ayuda divina. Antes de la batalla, Judas tiene un sueño en el que Onías, el antiguo sumo sacerdote, y el profeta Jeremías interceden por Israel y le entregan una espada de oro como símbolo de la victoria que Dios concederá. Animado por esta visión, Judas exhorta a su ejército a luchar con valentía, confiando no en las armas sino en el poder del Señor. En la batalla Nicanor muere y su ejército es derrotado. Judas ordena cortar la cabeza y el brazo del enemigo y exponerlos en Jerusalén como signo del castigo divino. El pueblo alaba a Dios, que ha protegido su Templo, y establece la fiesta del “Día de Nicanor” para recordar la liberación. El autor concluye así el segundo libro de los Macabeos.
Llegada al trono de Demetrio I y rebrote de la persecución
Demetrio, hijo de Seleuco, después de acabar con la vida de Antíoco y de su tutor Lisias, atraca en el puerto de Trípoli y se apodera de la región. El sumo sacerdocio de Jerusalén estaba vacante desde la muerte de Menelao, y Alcimo, del partido favorable a los griegos, se presenta ante Demetrio buscando acabar con Judas y hacerse con el poder en Jerusalén. Demetrio envía a Nicanor para que elimine a Judas y nombre a Alcimo sumo sacerdote, pero Nicanor acaba tramando amistad con Judas y pactando la paz. Alcimo, viendo el buen entendimiento entre ellos, se presenta ante Demetrio acusando a Nicanor de actuar contra los intereses del gobierno. El rey furioso ordena a Nicanor que envíe preso a Antioquía al Macabeo. Nicanor buscaba el momento oportuno para apresar a Judas, pero Judas se da cuenta y se esconde de Nicanor.
Sacrificio por los difuntos y nuevo acuerdo de paz:
Judas sale victorioso una vez más, tras una expedición contra Timoteo y Gorgias. Al trasladar los cuerpos de los soldados caídos a los sepulcros, se encontraron con que debajo de las túnicas de cada uno de los muertos había objetos sagrados prohibidos por la ley judía. Por ello, recurrieron a la oración y enviaron una colecta a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio expiatorio por los difuntos, con el fin de que fueran perdonados sus pecados. El año 149 el rey Antíoco avanzó contra Judea y, tras ser derrotado, llegó a un acuerdo de paz con los judíos permitiéndoles practicar su religión con libertad y dejando a Judas como gobernador de Judea con autoridad reconocida por el mismo rey.
Ataque de Lisias y cartas otorgando la paz a los judíos
Lisias, ministro del rey, reunió alrededor de ochenta mil hombres y marchó contra los judíos con el propósito de hacer de la ciudad una residencia para los griegos, imponer el mismo tributo al Templo que a los demás santuarios de los gentiles y poner en venta cada año el sumo sacerdocio. No pensaba en absoluto en el poder de Dios, sino que quería hacer de Jerusalén una ciudad de paganos. Pero tras sufrir una derrota en la ciudad de Bet-Sur, comprendió que los hebreos eran invencibles porque Dios estaba con ellos y envió una embajada para alcanzar un acuerdo de paz que permitiera a los judíos vivir según sus costumbres.
Purificación del Templo e institución de la fiesta de la Dedicación
Macabeo y sus compañeros, guiados por el Señor, recuperaron el Templo y la ciudad. Después de purificar el Templo ofrecieron sacrificios tras una interrupción de dos años. Levantaron también el altar del incienso, las lámparas y la ofrenda de los panes. Después, postrados en tierra, pidieron al Señor que nunca más cayeran en tales desgracias, sino que, si alguna vez pecaban, fueran corregidos por Él con clemencia sin ser entregados a los blasfemos y bárbaros gentiles. A continuación, con un decreto y en consejo público, establecieron para toda la nación judía celebrar cada año esta fiesta de la Dedicación.
Primeras victorias de Judas y muerte de Antíoco Epífanes:
Tras reclutar un ejército entre los que permanecían fieles al Señor, Judas suplica al Señor que mirara al pueblo pisoteado por todos y se compadeciese del Templo profanado por hombres impíos; que tuviera misericordia de la ciudad devastada y a punto de quedar arrasada; que escuchara el grito de la sangre que clamaba hasta Él; que recordase la injusta muerte de niños inocentes y las blasfemias proferidas contra su nombre; y que mostrase su odio al mal. Judas y su ejército, con la ayuda del Señor, vencieron al ejército de Nicanor. Antíoco, al conocer la noticia, enfermo de ira y acabó muriendo de forma miserable.
Martirio de siete hermanos con su madre (3) y reacción militar de Judas. Tanto la madre como el hermano menor reafirman la doctrina anterior; pero éste último ofrece un aspecto nuevo, afirmando que la muerte aceptada por los justos tiene un valor expiatorio en favor de todo el pueblo. La afirmación del valor expiatorio de la muerte de los mártires nos prepara para comprender el valor redentor de la muerte de Jesucristo. Aunque hemos de tener en cuenta que Cristo, con su muerte, no sólo detiene el castigo merecido por todos los hombres, sino que, por su gracia, hace justos ante Dios a los hombres pecadores. Judas formó un ejército organizado para luchar contra Nicanor, quien tenía la orden del rey de ejecutar a toda la raza de los judíos.
Martirio de siete hermanos con su madre (2). Comentamos hoy el martirio del hermano menor y de su madre, que representa proféticamente a la santa Iglesia, quien engendra hijos espirituales para Dios. La madre, viendo morir a sus siete hijos en el plazo de un día, lo soportaba con serenidad gracias a la esperanza en el Señor y exhortaba, en su lengua patria, a cada uno de ellos a que aceptaran la muerte para que, en el tiempo de la misericordia, los pudiera recuperar a todos.
Martirio de siete hermanos con su madre (1). El martirio de los siete hermanos es uno de los pasajes más conocidos de la historia de los Macabeos. La valentía de estos jóvenes aparece como consecuencia del buen ejemplo dado por el escriba Eleazar. La intervención de la madre divide la escena en dos partes: La primera con el martirio de los seis hermanos mayores y la segunda con el martirio del menor y de la madre. En este programa comentamos el martirio de los seis hermanos mayores. Veremos cómo aparece progresivamente la afirmación de la resurrección de los justos y el castigo de los malvados.