Las cuestiones que le plantearon a Jesús podían comprometerlo hasta el
punto de ser acusado ante las autoridades. Acerca del pago del tributo al
César, el mismo Jesús reclama, sin negarlo, los deberes que también
tiene el hombre con Dios; ante los saduceos, que niegan la resurrección,
el mismo Jesús afirma rotundamente la resurrección como una verdad
que brota de la misma Escritura revelada por Dios.