La petición de los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, provoca
indignación en los demás discípulos porque, en el fondo, todos ansían lo
mismo. Ninguno de ellos está comprendiendo lo que les está enseñando
el mismo Jesús con su vida y su ejemplo. El que sí parece entenderlo es
el ciego de Jericó, Bartimeo, que consciente de su ceguera, pide “ver”
con aquella luz que le mueva a seguir a Jesús por el camino. La entrada
triunfal de Jesús en Jerusalén, cargada de simbolismo, que viene a ser
una manifestación mesiánica de Jesús y el episodio de la maldición de la
higuera estéril preparan los acontecimientos que van a tener lugar en la
ciudad santa de Jerusalén.