San Juan Pablo II era un místico porque vivía metido en Dios. Estaba siempre en oración, en diálogo con el Señor. A veces pensamos que la mística es sacarnos de este mundo dejándonos embobados pero la verdad es que significa que estando en este mundo estamos en sintonía con Dios. La mística es vivir en unión con Él. Debemos pedir al Señor ser místicos para contemplar a Dios que está con nosotros, que nos habla, que nos guía.
Descubramos que Dios está con nosotros.