En nada se conoce tanto la profunda miseria del hombre como en su debilidad. Nuestra alma ha quedado después de la culpa original, tan endeble que cualquier esfuerzo del enemigo basta para derribarla, si no se tiene al lado una fuerza superior que la sostenga. Puede asimismo tan poco obrar el bien, que cualquier leve dificultad la amilana y le achica. ¿Quieres ser fuerte en medio de la debilidad? Acude a buscar la fortaleza en el Sagrado Corazón de Jesús.